- Bienvenida a mi mundo – le digo mientras la rodeo en uno de mis tan dulces sueños.
Ella de espaldas y sin saber que es lo hace en esa hermosa playa que solo existen en los sueños. La abrazo y nos mentimos amor eterno con un falso beso que terminará en un amargo despertar, retornando a la triste soledad que me saluda con un día totalmente gris. Un día tan gris de los que ya estamos acostumbrados los soñadores, que pensamos en felicidad mientras dormimos, y hacemos cosas que jamás haríamos despiertos.
Trato de que este sueño dure un poco más que los anteriores, nunca sé como acaba o es qué en realidad no quiero saber como acaba, me da miedo que termine como debe terminar, uno lejos del otro y sin pronunciar palabra alguna, mientras se observan silenciosamente al extremo de una sala, vestidos de gala y uno tan solo consumiéndose en un vaso de Whisky, mientras al otro extremo de la sala ella ríe como de costumbre, acompañada de miles de personas que sin duda no conozco ni pienso conocer.
A lo lejos uno es valiente, piensa y dice lo que jamás dirá, trata de buscar las palabras correctas para no arruinar el momento como ya le ha pasado años atrás, parado frente a su falso amor, implorando compañía eterna en una palabra que con frecuencia solía sentir y solo su respuesta negativa y el frío de la calle se apoderaba de sus sentimientos.
Quedan frente a frente vestidos de gala y sin sonido alguno a su alrededor.
Todos desaparecen y quedamos solos, los dos sin saber que decir o pensar, solo nos vemos, nos observamos, nos analizamos, nos reímos y nos amamos.Nos amamos en el único lugar donde nos podemos amar: en mis sueños, y trato que nunca se acabe, qué dure por lo menos un par de horas más, un par de besos más, una historia más.
-Bienvenida a mi mundo- le digo cada vez que la veo en mis sueños, donde fingimos amarnos o por lo menos yo finjo que ella me ama, como nunca lo hará…. como yo lo hago.
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